¿Podría hablarnos de Evoluderm?
Para Gabriel, mi marido, y para mí, Evoluderm es como uno de nuestros hijos; le ponemos todo nuestro corazón. Siempre hemos trabajado en el sector de la cosmética, ya que antes fabricábamos productos para otras marcas. Cuando decidimos lanzar la nuestra, lo que queríamos ante todo era crear una marca francesa atractiva y de calidad, pero que al mismo tiempo fuera accesible para todos. Una marca de la que nos sintiéramos orgullosos. Por eso fabricamos en Francia y no imponemos ninguna restricción de precio a las fórmulas ni a los envases cuando empezamos a diseñar un nuevo producto. Por mi parte, me encanta buscar ingredientes nobles y naturales, como el karité, el argán o los aceites preciosos. Nuestros envases deben ser coloridos y bonitos, para que a nuestros clientes les apetezca tocarlos, pero también para que se sientan orgullosos de exhibirlos en su cuarto de baño. Y, por último, deben ser generosos, tanto en formas como en formatos, para que toda la familia pueda disfrutarlos. Soy muy exigente con la calidad de las fórmulas y la estética de los productos. Y nunca permitiría que se pusiera a la venta un producto que yo misma no utilizaría.
