LA OPINIÓN DEL EXPERTO
1. Elige productos adecuados para tu tipo de piel
- Piel grasa con tendencia al acné: opta por un aceite limpiador no comedogénico y un limpiador espumoso que contenga ingredientes como el ácido salicílico o el peróxido de benzoilo para ayudar a controlar el exceso de sebo y prevenir los brotes de acné.
- Piel seca y sensible: opta por un aceite limpiador suave, rico en aceites vegetales nutritivos como el aceite de almendra dulce o de jojoba, y un limpiador hidratante sin sulfatos ni fragancias agresivas para evitar la irritación.
- Piel normal a mixta: utiliza un aceite limpiador equilibrante y un limpiador espumoso suave a base de ingredientes como el ácido hialurónico para mantener la hidratación.
2. Temperatura del agua
Utiliza agua tibia en las dos fases de la limpieza. El agua demasiado caliente puede eliminar los aceites naturales de la piel, provocando sequedad e irritación, mientras que el agua fría puede no ser tan eficaz para disolver las impurezas.
3. Frecuencia
Por lo general, se recomienda la doble limpieza por la noche para eliminar las impurezas acumuladas a lo largo del día. Por la mañana, basta con una sola limpieza con agua para preparar la piel para tu rutina matutina. Sin embargo, si sueles aplicarte productos activos por la noche antes de acostarte, es preferible que te limpies la piel nada más despertarte.
4. Hidratación y cuidados
Tras la doble limpieza, aplícate inmediatamente el sérum y la crema hidratante. Esto te ayudará a retener la hidratación y a sacar el máximo partido a tu rutina de cuidado de la piel.
5. Acudir a un profesional
En caso de duda, consulta a tu farmacéutico o a un dermatólogo para obtener recomendaciones personalizadas en función de tu tipo de piel y tus preocupaciones específicas. ¡Te pueden aconsejar sobre los mejores productos e ingredientes para incorporar a tu rutina de doble limpieza!
Jennyfer Aiach Brami, doctora en Farmacia