A menudo pensamos en proteger nuestra piel en verano, con crema solar e hidratación, pero olvidamos que nuestro pelo también sufre numerosas agresiones. Entre los principales culpables se encuentran:
- El sol: los rayos UV penetran en la estructura del cabello y lo debilitan desde el interior, lo que lo hace más quebradizo, seco y apagado. Además, la exposición prolongada altera el color, provocando una decoloración progresiva y una pérdida de brillo.
- El agua salada del mar: rica en minerales, tiene un efecto resecante sobre el cabello. Levanta las escamas que forman la capa protectora de la fibra capilar, lo que hace que el cabello sea más vulnerable, áspero al tacto y difícil de peinar. A largo plazo, esto favorece la deshidratación y acentúa las puntas abiertas.
- El cloro de las piscinas: es un agente químico agresivo que daña no solo la fibra capilar, sino también el cuero cabelludo. Puede provocar picores, irritaciones y dejar un residuo que apaga el brillo en las puntas. En el pelo rubio o teñido, puede incluso provocar reflejos verdosos poco estéticos.
- La arena y el viento:la arena se cuela entre los mechones, provocando roce y molestias, mientras que el viento enreda el pelo, lo que favorece la formación de nudos difíciles de desenredar. Esto debilita los largos y rompe las puntas.
Como ya habréis comprendido, ¡proteger y mimar el pelo en verano es imprescindible! Para evitar todos esos inconvenientes, os recomendamos que adoptéis algunos hábitos sencillos, tanto antes como después de esos días soleados en los que el lema sigue siendo: broncearse, zambullirse… ¡y volver a empezar!